De la casa de los muertos, Ópera de Leoš Janáček

La última ópera de Leoš Janáček, De la casa de los muertos, nos muestra al compositor checo en su momento más iconoclasta. Careciendo, en el verdadero sentido de la palabra, de un héroe, un personaje femenino o incluso un argumento, De la casa de los muertos es una cautivadora exploración de la miseria humana y de los extremos a los que podríamos llegar para enmendar un mal.

Para componer esta ópera, cuya acción transcurre en el entorno sombrío y claustrofóbico de una prisión siberiana, Janáček se inspiró de la novela La casa de los muertos de Fiódor Dostoyevski. El escritor ruso había estado preso en un campo de trabajo y sólo sobrevivió al pelotón de fusilamiento gracias a un indulto de último momento del zar Nicolás I.

No es de sorprender, dada su incansable búsqueda de la autenticidad en todo lo que escribía, que Janáček se interesase por el visceral y semi-autobiográfico relato de las experiencias de Dostoyevski, ni que decidiera ser él mismo quien adaptase cuidadosamente el libreto original ruso.

La llegada de un preso político, Gorjančikov, hace que otros cuatro presos hablen de cómo terminaron en la cárcel. Ninguna de sus historias es representada; su propósito es más bien proporcionar una narración para la abrumadora sensación de opresión que Janáček crea con tanto éxito a través de su música. La música folclórica, de la que Janáček tenía un conocimiento enciclopédico, retrata la vida fuera del campo de trabajo; un mundo que sus personajes han perdido a causa de sus crímenes.

El verdadero protagonista en De la casa de los muertos es la orquesta. La parte instrumental va por debajo de los cantantes, con el empleo de Janáček de los “ostinati” para proporcionar un recordatorio constante tanto de la rutina de la vida en prisión como de la obsesión de los reclusos con las circunstancias que les condujeron a su encarcelamiento. Sin embargo, cuando la brutalidad de la ópera amenaza con consumirla, el final es esperanzador: la recuperación de un águila herida, devuelta a la vida salvaje por los presos, acompaña la noticia de que Gorjančikov va a ser dejado en libertad.

Estrenada póstumamente el 12 de abril de 1930 en Brno, pocos dudarán de que De la casa de los muertos es el mayor logro de Janáček. Ahora, el público del Národní divadlo, el Teatro Nacional de Praga, tiene de nuevo la oportunidad de disfrutar de esta obra trascendental de la música checa.

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