Es realmente increíble que Gioachino Rossini sólo tuviera veintitrés años cuando aceptó el encargo para crear El barbero de Sevilla. La obra, estrenada el 20 de febrero de 1816 en el Teatro Argentina de Roma bajo el título original de Almaviva, o sia L'inutile precauzione, sigue siendo el patrón con el que se miden todas las demás óperas cómicas.
En la historia, encontramos a Figaro, un autoproclamado amañador que también se considera algo así como un casamentero. Se inventa una serie de planes para ayudar al Conde Almaviva y Rosina a fugarse y escapar de las celosas atenciones del Dr. Bartolo, tutor de Rosina y empleador ocasional de Figaro.
La suerte, junto al ingenio de Figaro, es la que decidirá quién se casará con Rosina: Bartolo o Almaviva. Este último se disfraza de tantas maneras que no es de extrañar que Rosina se pregunte sobre la honorabilidad de sus intenciones. La joven se enamora de él cuando el Conde le canta, disfrazado de estudiante juglar y haciéndose llamar Lindoro. Sin embargo, se convierte en alguien menos atractivo cuando pretende ser un brutal soldado en busca de alojamiento, una treta para estar bajo el mismo techo que Rosina. Pero Almaviva se ve expulsado de la casa y casi es detenido, algo que evita por los pelos al revelar su verdadera identidad a la policía.