Rusalka, la penúltima y probablemente más querida de las diez óperas de Antonín Dvořák, es un cuento de hadas tan encantador como desesperadamente triste; una desdichada historia de amor que ve envueltos en la tragedia tanto a la ninfa acuática Rusalka como a su príncipe. El hecho de que la ninfa pierda su voz, precio que la bruja Ježibaba le exige por convertirla en un ser humano, hace que el príncipe dude del amor de su amada. Cuando el príncipe se da cuenta de su error, sólo un beso de Rusalka podrá liberarle de su tormento; pero su abrazo lo llevará también a la muerte.
Esta ópera fue escrita específicamente para el Teatro Nacional, símbolo de una creciente conciencia nacional. Rusalka fue estrenada en dicho Teatro en 1901 y es en él donde también será representada esta temporada. En cuanto a la música, Dvořák combina hábilmente el folclore y las canciones populares junto con suntuosos leitmotiv imbuidos de su conocimiento sustancial de la tradición operística occidental, logrando esa rara combinación de una pieza que es universal en sus temas pero orgullosamente checa en cuanto a su carácter.