La muerte de Danton, G. von Einem

Georges Danton, Camille Desmoulins, Maximilien Robespierre, Louis Antoine de Saint-Just: personalidades todas ellas que jugaron un papel clave en la persecución del Reinado del Terror en la Francia revolucionaria. Cada uno de ellos terminó cayendo bajo la hoja de la guillotina. Y todos, incluyendo el héroe trágico epónimo de esta obra, aparecen en el melodrama operístico histórico de Gottfried von Einem, La muerte de Danton (o, en alemán, título original, Dantons Tod).

Dada nuestra fascinación por la época y lugar de la Revolución francesa, es sorprendente ver la poca cantidad de compositores, antes que Einem, que situaron la intriga de sus óperas en dicho período. Andrea Chénier de Giordano y Thérèse de Massenet son unas de ellas. Sin embargo, el verdadero Chénier sólo tuvo un papel menor en la historia de la Revolución, y Thérèse es un personaje completamente ficticio. Los protagonistas de la ópera de Einem, por el contrario, se encuentran todos en el centro de los eventos.

Estrenada en el Festival de Salzburgo el 6 de agosto de 1947, La muerte de Danton fue la primera nueva composición que se presentó en el festival tras el fin de la Segunda Guerra Mundial. Es además una obra que ocupa un lugar especial en el corazón de la Wiener Staatsoper: la orquesta en su primera representación fue la Orquesta Filarmónica de Viena, y sus cantantes eran miembros del coro de la Ópera del Estado de Viena.

El primer acto de la ópera se centra en la confrontación entre Danton y Robespierre. Cansados de la sed de sangre de la Revolución, Danton y Desmoulins exigen el fin de esta matanza. Robespierre y Saint-Just, decididos a aplastar cualquier resistencia al avance de la Revolución, hacen simplemente que arresten a sus colegas.

En el segundo acto, el genio de Einem trasciende realmente. En un juicio de audiencia pública en el que el individuo se enfrenta a la muchedumbre, Danton se lanza en un canto de bravura que expresa perfectamente su intento por influenciar en la decisión del tribunal. Más tarde, después de las ejecuciones, está la impactante escena en la que vemos y escuchamos a Lucile, mujer de Desmoulins, gritando sobre el patíbulo, lamentando las muertes de Danton y de su esposo.

Einem escribió en un estilo muy personal, que defendió resueltamente. Podría sospecharse que, de algún modo, se sentía personalmente unido a su protagonista: ambos hombres estaban dispuestos a pelearse por las cosas en las que creían. El resultado en La muerte de Danton es una música que no sólo es un placer para los oídos sino que además cuenta con una sinceridad que se adapta de forma ideal a la historia de la ópera.

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